Mi compromiso vital pasa por restituir el poder del principio femenino en nuestras vidas; esto es honrar y reconocer nuestra sensibilidad, nuestra emocionalidad y nuestra receptividad e intuición (a la vez que continuamos abrazando lo masculino). Esta visión, me parece clave para poder recuperar la harmonía y equilibrio tanto a nivel individual, como social.

Para acelerar y cristalizar este cambio de paradigma, considero que los colectivos y organizaciones tienen un rol crucial. Así pues, vislumbro un escenario en el que a través de las identidades colectivas y cohesión grupal, impulsemos la inteligencia emocional. Caminando en esta dirección, abrimos la ventana a un nuevo paradigma en la que la identidad colectiva, se convierte en un motor para la autoexpresión.

En esencia, se trata de, instrumentalizar el deseo de pertenencia, para transformar la relación con nosotros mismos; así como, nuestros vínculos. Para así guiar nuestras vidas, desde una mayor coherencia con nuestra naturaleza; esto es, abrazando tanto del principio masculino como femenino.